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FORMENTERA: Arenas blancas, aguas transparentes con azules sorprendentes
Área Profesional

Senderismo en Formentera

Formentera es sinónimo de calma. En el preciso instante en el que el turista desembarca, la isla le obliga a cambiar de prioridades. Poner por primera vez el pie en la isla más septentrional de Baleares significa dejar atrás el estrés, la velocidad y las prisas, para aceptar un ritmo nuevo y diferente.

Estamos ante una isla que puede recorrerse en coche en una sola mañana, sin embargo, si el viajero pretende mimétizarse con el ambiente, lo mejor será perderse por sus caminos y disfrutar del paisaje a ritmo de pedaleo o de zapatillas. Entre las ruedas de una bicicleta y los cayados del caminante, Formentera se transforma en una isla infinita; sus 32 rutas verdes forman caminos entrelazados que suman más de 100 interminables kilómetros, la mayoría de ellos accesibles en bicicleta.

Imágenes cedidas por la Conselleria de Turisme de Formentera

Estas rutas transcurren por zonas agrícolas de viñedos, dunas y pinares, la mayoría declarados Áreas Naturales de Especial Interés. Sus caminos entrelazados se convierten en privilegiados oteros sobre el Mediterráneo, playas, calas, zonas arquitectónicas de casas tradicionales y otras de rica vegetación.

Recién estrenadas, estas 32 rutas han aportado gran valor a la pequeña isla pitiusa. La página web oficial de Formentera las ha recogido en este enlace:

Las hay para todos los gustos.

Los que no están acostumbrados a caminar, pueden estrenarse por las rutas más fáciles, caminos de poco desnivel de entre 1.800 a 5.000 metros, como la que va desde La Sabina a Es Illetes, un paseo que intercala pasarela de madera, arena y rocas con el mar a ambos lados, en el que la isla de Espalmador espera al caminante al final del recorrido.

Los más avanzados tienen para elegir largas caminatas de más de 8.000 metros con desniveles medios que les llevarán a conocer rincones insospechados de Formentera. De todas ellas, la más peculiar sería la ruta que va de Es caló de Sant Agustí a El Pilar de la Mola, que recorre íntegramente el camino histórico que hacían los formenterenses para subir a La Mola. Pero, sin duda alguna, el que más llamará la atención del aficionado al senderismo es el camino viejo de la Mola a de Sa Pujada; con apenas 1.500 metros de longitud de gran desnivel, su encanto reside en lo espectacular de sus vistas. Este camino bordea un acantilado para penetrar en un bosque que ofrece unas magníficas vistas del mar Mediterráneo y de la propia isla. Existen varios puntos de especial interés durante esta ruta, que son las llamadas “petjades del diable” (las huellas del diablo), la vieja cantera de marés y una misteriosa cruz grabada en el suelo rocoso.